Flor de Nochebuena, el regalo navideño de México para el mundo

Diciembre tiene un aroma particular a pino y ponche, pero sobre todo, tiene un color. Si miras a tu alrededor, notarás que una protagonista reclama su trono en las calles, en los vestíbulos de los hoteles y en las salas de estar: la flor de Nochebuena.
Con su forma de estrella y su clásica tonalidad de rojo intenso, se ha convertido en un emblema visual de la Navidad. Sin embargo, detrás de esa maceta que adorna tu mesa, se esconde una travesía histórica que comenzó siglos atrás, muy lejos de la nieve, en los cálidos valles de México.
Cuetlaxóchitl: la flor sagrada de los emperadores


Mucho antes de que se entonara el primer villancico en América, esta flor ya era venerada por los pueblos nahuas. Según archivos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) del Gobierno de México, los aztecas la llamaban cuetlaxóchitl, que en náhuatl significa “flor que se marchita” o “flor de cuero”, en referencia a la resistencia y la textura de sus hojas.
Para la cultura mexica, esta planta no era un simple adorno; era un símbolo sagrado. Registros históricos, validados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indican que el emperador Moctezuma las hacía traer desde las tierras bajas del sur, como del actual pueblo mágico de Taxco, en Guerrero, y de Morelos, hasta sus jardines en Tenochtitlán, ya que la flor no crecía a la altitud de la capital.
Además, el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) destaca que tenía usos prácticos: sus hojas rojizas se empleaban para elaborar tintes textiles y su savia se aplicaba medicinalmente para tratar afecciones cutáneas y fiebres.
Fue con la llegada de los españoles y la evangelización cuando el destino de la flor cambió para siempre. Crónicas históricas señalan que en el siglo XVII los frailes franciscanos en Taxco comenzaron a utilizarla para decorar los altares y las procesiones del “Santo Pesebre”, ya que su floración coincidía naturalmente con el invierno. Así, el cuetlaxóchitl se convirtió en la “flor de Nochebuena”.
De Taxco a Hollywood: el viaje de la flor de Nochebuena

¿Cómo fue que una flor silvestre de las barrancas mexicanas terminó decorando la Casa Blanca y los hogares de todo el mundo? La respuesta tiene nombre y apellido: Joel Roberts Poinsett.
Según documentos del Smithsonian Institution, en 1825 Poinsett llegó a México como el primer embajador de Estados Unidos. Durante un viaje a Taxco, quedó fascinado por la belleza de estas flores que adornaban las iglesias locales. Como aficionado a la botánica, envió varios ejemplares a sus invernaderos en Charleston, Carolina del Sur, en 1828. En su honor, y a pesar de su origen mexicano, la planta fue bautizada popularmente en el mundo anglosajón como poinsettia.
Sin embargo, la explosión comercial global se debe a la familia Ecke. Según archivos históricos de The Los Angeles Times y la historia corporativa de The Ecke Ranch, esta familia de inmigrantes alemanes en California desarrolló técnicas de injerto para hacerla más compacta y resistente a los interiores. Paul Ecke Jr. fue quien consolidó la flor como ícono navideño al enviar plantas gratis a las estaciones de televisión para que aparecieran en los especiales navideños de programas como The Tonight Show y los especiales de Bob Hope, logrando que todo Estados Unidos quisiera esa flor roja en su hogar.
Un símbolo universal sin fronteras

Hoy, aquella flor que Moctezuma admiraba es la planta en maceta más vendida del mundo durante la temporada de invierno. Su impacto económico y cultural en el extranjero es tan importante que en Estados Unidos las ventas alcanzan aproximadamente 35 millones de ejemplares cada año, generando ganancias cercanas a 250 millones de dólares.
Su encanto también cruzó el Atlántico hace mucho tiempo para convertirse en un elemento esencial de la decoración europea. De acuerdo con Stars for Europe, una campaña financiada por la Unión Europea para promover el cultivo y uso de flores de Nochebuena, la fascinación por esta planta es tal que, solo en Alemania se venden alrededor de 32 millones de ejemplares al año.
Además, en China hoy se posiciona como la segunda planta en maceta más popular del país, solo superada por la orquídea mariposa. Introducida en este país en la década de 1960, esta flor mexicana ha sido adoptada como símbolo de buena fortuna y prosperidad.
Sin importar el idioma ni la latitud, su presencia comunica hoy un mensaje universal de calidez y celebración.
¿Cómo cuidar una flor de Nochebuena?

A menudo se cree que la Nochebuena es una planta que solo dura la temporada decembrina, pero con los cuidados adecuados, puede sobrevivir y florecer de nuevo. Aquí te dejamos los secretos para que tu estrella roja siga brillando:
- Luz, sí; sol directo, no: a la Nochebuena le encanta la claridad. Búscale un lugar bien iluminado cerca de una ventana, pero evita que los rayos del sol le den directamente, ya que podrían quemar sus delicadas brácteas.
- El arte del riego: esta planta prefiere la moderación. Riégala solo cuando sientas que la tierra de la superficie está seca al tacto. Un error común es “ahogarla”; asegúrate de que la maceta tenga buen drenaje y nunca dejes agua estancada en el plato base.
- Temperatura estable: al ser nativa de climas templados, no es amiga de los extremos. Manténla alejada de las corrientes de aire frío, pero también del calor directo de calefacciones o chimeneas.
- El misterio del rojo: ¿Sabías que, para que las hojas vuelvan a ponerse rojas el próximo año, necesitan oscuridad total? A partir de octubre, la planta requiere pasar al menos 12 horas diarias en completa oscuridad (como si la metieras en un armario) para activar el cambio de color.
La próxima vez que veas una Nochebuena, recuerda que no estás viendo solo un adorno de temporada. Estás frente a un vestigio de la historia de México, una viajera incansable que florece cada año para recordarnos la belleza de nuestras raíces.




